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miércoles, 27 de septiembre de 2023

Científicos de la UMA alertan de la presencia de contaminantes con alto grado de persistencia en el río Guadiaro


MÁLAGA.- Científicos del Departamento de Ecología y Geología y del Grupo de Hidrogeología de la Universidad de Málaga (UMA) continúan con las investigaciones en la cuenca del río Guadiaro, ubicada en las provincias de Málaga y Cádiz, donde los resultados de un análisis y evaluación ambiental en muestras de agua superficial y subterránea evidencian la presencia de contaminantes de preocupación emergente (CE) en bajas concentraciones, pero con un alto grado de persistencia en el medio

A través de un comunicado de prensa, la UMA señala que los resultados de este estudio, que ha sido publicado en la revista científica sobre medioambiente 'Journal of Environmental Management', identifican como fuentes de procedencia de contaminantes de preocupación emergente en esta área de estudio: los vertidos de aguas residuales urbanas no depurados o escasamente tratados y los incendios forestales.

Señalan que la caracterización de los contaminantes orgánicos marca, en líneas generales, los estándares de calidad contemplados en la legislación ambiental de la Unión Europea. Sin embargo, cada vez son más las voces que alertan de los efectos de los denominados contaminantes de preocupación emergente, entre los que se incluyen las drogas de abuso o los productos farmacéuticos, entre otros muchos.

En el caso del río Guadiaro los expertos advierten de que a pesar de que la cuenca analizada es un área protegida, toda vez que a casi el 40 por ciento se le ha otorgado un estatus de protección ambiental de tipo regional o nacional (Parques Naturales Los Alcornocales y Sierra de Grazalema y Parque Nacional Sierra de las Nieves) y más de la mitad de la superficie pertenece a la Red Natura 2000 de la Comisión Europea, sus aguas presentan signos de antropización --la transformación que ejerce el ser humano sobre el medio-- con riesgo acumulativo, ya que estos vertidos son muy difíciles de descontaminar y, por tanto, efectos preocupantes "no muy a largo plazo".

"Aunque la Unión Europea ya está empezando a hacer un seguimiento de este tipo de resultados analíticos, estos contaminantes todavía no aparecen en los listados de estándares de calidad", afirma el investigador Pablo Jiménez Gavilán, uno de los autores de este trabajo.

En este sentido, se propone la cuenca del río Guadiaro como referencia para el marco europeo, para avanzar en una actualización de las normas. "No se puede mirar para otro lado", asegura.

Asimismo, apuestan por una correcta gestión de las aguas subterráneas, previo conocimiento exhaustivo del funcionamiento hidro geológico de los acuíferos que las contienen, para evitar procesos de reconcentración de ciertos contaminantes.

Los investigadores continuarán con esta línea de estudio en busca del origen principal, así como la proporción de CE en las aguas de esta y otras cuencas del Sur de España. El profesor Iñaki Vadillo y los jóvenes científicos Marta Llamas y Pablo Fernández son otros autores de trabajo.

viernes, 28 de junio de 2019

El impacto climático de las estelas de aviones puede triplicarse para 2050

BERLÍN.- Un nuevo estudio ha descubierto que, debido a la actividad del tráfico aéreo, el impacto climático de las estelas de los aviones será aún más significativo en el futuro, de modo que en 2050 se habrá triplicado.

En las condiciones adecuadas, las estelas de los aviones pueden permanecer en el cielo como la estela de los cirros, nubes de hielo que pueden atrapar el calor dentro de la atmósfera terrestre. Su impacto climático ha sido descuidado en gran medida en los esquemas globales para compensar las emisiones de la aviación, a pesar de que contribuyen más al calentamiento de la atmósfera que todo el CO2 emitido por los aviones desde el inicio de la aviación.
Las estelas cambian la nubosidad global, lo que crea un desequilibrio en el presupuesto de radiación de la Tierra, denominado "forzamiento radiativo", que provoca el calentamiento del planeta. Cuanto mayor sea este forzamiento radiativo, más significativo será el impacto climático. En 2005, el tráfico aéreo representó alrededor del 5% de todo el forzamiento radiativo antropogénico, con la estela de cirro como el mayor contribuyente al impacto climático de la aviación.
"Es importante reconocer el impacto significativo de las emisiones que no son de CO2 (como la estela de condensación) sobre el clima y tener en cuenta esos efectos al establecer sistemas de comercio de emisiones o esquemas como el acuerdo de Corsia", advierte Lisa Bock, investigadora de DLR, el Centro Aeroespacial Alemán, y autora principal del nuevo estudio. Corsia, el esquema de la ONU para compensar las emisiones de carbono del tráfico aéreo a partir de 2020, ignora los impactos de la aviación en el clima que no son CO2.
Pero el nuevo estudio, publicado en la revista 'Atmospheric Chemistry and Physics', de la Unión Europea de Geociencias (EGU, por sus siglas en inglés), muestra que estos impactos climáticos no relacionados con el CO2 no pueden pasarse por alto. Bock y su colega Ulrike Burkhardt estiman que el forzamiento radiativo de la estela de cirro será 3 veces mayor en 2050 que en 2006. Se prevé que este aumento será más rápido que el aumento del forzamiento radiativo del CO2, ya que las medidas de eficiencia de combustible esperadas reducirán las emisiones de CO2.
El aumento del forzamiento radiativo de la estela del cirro se debe al crecimiento del tráfico aéreo, que se espera que sea 4 veces mayor en 2050 en comparación con los niveles de 2006, y un ligero cambio de las rutas de vuelo a altitudes más altas, lo que favorece la formación de estelas en los trópicos. El impacto en el clima debido a las estelas será más fuerte en América del Norte y Europa, las áreas de tráfico aéreo más concurridas del mundo, pero también aumentará significativamente en Asia.
"El principal impacto de las estelas es el calentamiento de la atmósfera superior en los niveles de tráfico aéreo y la nubosidad natural cambiante. No está claro cómo de grande es su impacto en la temperatura de la superficie y posiblemente en la precipitación debido a las modificaciones de las nubes", apunta Burkhardt.
"Todavía existen algunas incertidumbres con respecto al impacto climático general de las estelas de cirro y, en particular, su impacto en las temperaturas de la superficie, ya que los mismos y los efectos sobre la superficie son temas de investigación en curso. Pero está claro que calientan la atmósfera", agrega Bock.
Emisiones de aviones más limpias resolverían parte del problema resaltado en el estudio. La reducción del número de partículas de hollín emitidas por los motores de los aviones disminuye el número de cristales de hielo en las estelas, lo que a su vez reduce el impacto climático de la estela. Sin embargo, "se necesitan reducciones mayores que la reducción proyectada del 50% en el número de hollín --explica Burkhardt--. Incluso las reducciones del 90% probablemente no serían suficientes para limitar el impacto climático de la estela de cirro a los niveles de 2006".
Otro método de mitigación que se discute a menudo es el desvío de vuelos para evitar regiones particularmente sensibles a los efectos de la formación de estelas. Sin embargo, Bock y Burkhardt advierten sobre la aplicación de medidas para reducir el impacto climático de la estela de cirro con corta duración que podría resultar en un aumento de las emisiones de CO2 de larga duración, en particular dadas las incertidumbres en la estimación del impacto climático de la la estela de cirro.
A su juicio, las medidas para reducir las emisiones de hollín serían preferibles para minimizar el forzamiento radiativo general del tráfico aéreo futuro, ya que no implican un aumento de las emisiones de CO2. "Esto permitiría a la aviación internacional apoyar de manera efectiva las medidas para lograr los objetivos climáticos de París", concluye Burkhardt.

martes, 4 de junio de 2019

Un estudio confirma la presencia de plásticos en el Mediterráneo malagueño


CARTAGENA.- Científicos del Instituto Español de Oceanografía (IEO) y de los centros oceanográficos de Vigo y Murcia han llevado a cabo un estudio mediante el que se ha confirmado la presencia de microplásticos en la costa mediterránea española.

Según ha recogido el IEO en un comunicado, el informe ha sido publicado en la revista 'Environmental Science and Pollution Research' y ha concluido que los microplásticos están presentes "en todos los sedimentos recogidos desde Algeciras a Barcelona".
En concreto, para evaluar el estado de la costa mediterránea, se ha estudiado la presencia de estos residuos en diez localidades: Algeciras, Málaga, Castell de Ferro, Almería, Cartagena, Benidorm, Benicarló, Vallcarca, Barcelona y Palma de Mallorca.
Durante la investigación, se han encontrado microplásticos en todos los sedimentos artificiales. El 82 por ciento de ellos han sido fibras y, el 18 por ciento restante, fragmentos, films y pellets.
Distintos agentes atmosféricos provocan que se degraden los objetos plásticos y que estos se dividan en pequeños trozos de menos de cinco milímetros, denominados microplásticos, que se suelen acumular en fondos marinos.
La aglomeración de los microplásticos en distintas zonas se ve condicionada por distintos factores, como las mareas, el oleaje, el turismo y las descargas, entre otros.